domingo, 22 de noviembre de 2015

Como perder en una generación lo que nos han enseñado desde pequeños.

Si de algo me arrepiento y cada día más, es de no haber transmitido a mis hijos lo que mi padre me ha enseñado a lo largo de todos estos años, del medioambiente y la naturaleza. Es impresionante lo que sabe, y de la forma tan natural que me ha enseñado a empaparme de ello.
Desde muy pequeño, sólo paseando, y observando todo lo que hacía mi padre en el medio natural, he aprendido todas y cada una de las señales que hacen distinguir la corteza de un roble de la corteza de un nogal, de la hoja de una haya, a la hoja de una encina, del agujero de una araña, al agujero de un topillo, del plumaje de un estornino al plumaje de un mirlo. A distinguir a la altura de 200 metros un buitre de un quebrantahuesos, y a discutir sobre los centimetros de ala de cada uno, por supuesto perdiendo la discusión.
Y te das cuenta cuando tienes 44 años, de todo lo que sabes, sin darte cuenta de haber tenido que esforzarte para aprenderlo.
Mis hijos tienen 15 y 13 años, y saben cosas, pero nunca han profundizado en el conocimiento. ¿Y lo voy a perder en una sóla generación? Creo que no, todavía tengo tiempo, y no pienso desaprovecharlo. Me quedan veranos, caminatas, conversaciones, sol, playas, monte, árboles, plantas, animales,....en definitiva, muchísimo que vivir, muchísimo que contar y enseñar para que no se pierda lo que en todos estos años he aprendido.
¿Y donde queda todo este conocimieto? ¿En que departamento de objetos perdidos podemos guardarlo? De momento en mi memoria y que no quede en desuso. Me prometo no olvidar, y me prometo no desaprovechar todo lo que mi padre ha aprendido y ha sido capaz de enseñarme, así que tengo deberes desde ya para poderlo transmitir todo este conocimiento.

También me propongo no ser un padre para mis compañeros de trabajo, pero algo tendríamos que aprender de todo esto. ¿Todo lo que hemos recibido en todos los años de universidad, todos los años de trabajo, todos los puestos de dirección, todos las ciudades en las que hemos residido, todos los compañeros que hemos tenido, todas las personas y personajes que hemos tratado y todas las experiencias que hemos vivido, no vamos a ser capaces de transmitirlas, pero de forma natural, sin dar clases magistrales ni conferencias, sólo con vivir en el día a día nuestra experiencia, transmitiendola de forma sencilla?

Una propuesta para todos:
Menos conferencias magistrales, menos reuniones para demostrar lo listos que somos y todo lo que sabemos, y más el día a día con  cariño y  ganas, de que los demás aprendan de nuestra experiencia.


                                    



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